miércoles, 27 de febrero de 2013


EXPERIENCIAS EN TORNO A LOS DERECHOS SEXUALES DE LAS Y LOS JÓVENES


El Consejo Nacional de Población (CONAPO) estimó en 2009, que 35 millones 649 mil 457 personas se ubicarían entre los 12 y los 29 años de edad, con lo que uno de cada tres habitantes en el país se ubica en este rango[1]. La presencia mayoritaria de jóvenes en México, exige de la actuación coordinada e interdisciplinaria de las instituciones y los agentes involucrados en la atención de las y los jóvenes para superar las desigualdades económicas, educativas y sociales; que construyan un espacio social que contribuya al ejercicio de la sexualidad como un derecho humano. Esto implica reconocer que las y los jóvenes inician su vida sexual entre los 15 y los 19 años (Encuesta Nacional de la Juventud 2010). Además de que más de la mitad de los jóvenes no utiliza ningún método de prevención para evitar las infecciones de transmisión sexual, VIH/SIDA, violencia sexual o prevención del embarazo en su primer relación sexual.

Los indicadores oficiales muestran que a pesar de que las y los jóvenes conocen medidas anticonceptivas, no se garantiza su uso mostrando que la información no forma el pensamiento ni la transforma en prácticas asertivas de la sexualidad, entonces ¿qué está sucediendo con esos saberes?

Por otro lado, la escuela busca con las Reformas Educativas, iniciar procesos, hacerlos/as competentes para que ellos/as tomen sus propias decisiones académicas, sean sujetas/os críticas/os, reflexivas/os y autónomas/os de sus procesos de construcción de conocimiento; que puedan relacionar las habilidades adquiridas en las aulas con situaciones de su vida cotidiana, al menos eso plantean. Sin embargo, considero que hay que ir más allá de las estrategias gubernamentales, que son importantes por ser las formas en que las políticas públicas se concretizan. Hay que indagar entre las y los jóvenes con quienes he intercambiado experiencias e intereses, de los que he aprendido que la libertad implica conocer la realidad a la que se pretende transformar por amor, solidaridad y justicia en la configuración de una sociedad en la que la diversidad de expresiones y experiencias nos enriquezcan y no limiten o coaccionen la sexualidad y los derechos sexuales.

Para ello refiero que la sexualidad ha sido construida desde la complejidad de los hechos y fenómenos biológicos, sociales y culturales que generan normas que han orientado y limitado el ejercicio de la misma y han construido socioculturalmente lo que significa ser mujer u hombre dando valor a las actitudes de cada género. Reglamentando las relacionadas con el cuerpo, la sensualidad, el erotismo, el placer, el deseo; el conocimiento de nuestra corporeidad y la reproducción. Es decir, la sexualidad está sujeta a una construcción social que valora y legitima las experiencias sexuales enmarcadas en un contexto sociohistórico marcado por un sistema de organización patriarcal, basado en la diferencia sexual que sobrevalora a los hombres e inferioriza a las mujeres, estructurando relaciones asimétricas. Es importante analizar los esquemas simbólicos que estructuran los mitos, las actitudes, los gestos, los dogmas, las carencias entorno a los cuerpos sexuados de las y los jóvenes que constituyen la cultura subjetivizada de pautas de significados.

La escuela reproduce por ser “… como cualquier ámbito institucional, escenario de procesos de coerción y de consenso. La coerción siempre ha sido denunciada donde ocurre en sus formas más abiertas y violentas: el disciplinamiento del cuerpo”[2] haciendo efectiva esta coerción al prohibir, vigilar, juzgar, violentar su derecho a un ejercicio placentero y libre de su sexualidad, a decidir cuándo, con quién iniciar su vida sexual y qué tipo de protección utilizar. Aspectos casi siempre marcados por una tradición moral y religiosa sobre el cuerpo y la sexualidad en la que prevalece el imaginario del matrimonio y la reproducción como única posibilidad de ejercerla. Limitan el ejercicio pleno de la sexualidad de las y los jóvenes.




[1] Fuentes, Mario Luis. La juventud mexicana: en la vulnerabilidad y en el olvido. CEIDAS, CDD –México, 2010, pp. 14
[2] Rockwell, Elsie. Reprensando Institución: una lectura de Gramsci. Documentos DIE. IPN, 1987, pp. 57

martes, 26 de febrero de 2013

¿Son las minifaldas un peligro?

México, 25 de febrero de 2013

Al iniciar la revisión de publicaciones en Facebook de diferentes grupos y organizaciones en defensa de la diversidad, pluralidad y equidad entre los géneros, mismas que promueven acciones para combatir el acoso callejero, promover el respeto a la diferencia, aumentar la participación de mujeres y hombres en la creación de conciencia para dar trato digno a tod@s aquell@s que el sistema patriarcal y los estereotipos actuales han excluido, estigmatizado y acosado, me encontré con la noticia: La Dirección Municipal de Seguridad de Cd. Acuña, Coahuila ha prohibido el uso de la minifalda en defensa del "respeto a la moral, el pudor, la decencia y las buenas costumbres" por lo que MUJERES y HOMOSEXUALES que usen minifalda serán sancionados, pues el general Javier Aguayo y Camargo, director de Seguridad Pública de Cd. Acuña, consideró "grave" el uso de este tipo de prendas. 

La noticia me tomó por sorpresa, me causó inmediata indignación. Pronto pasé a la tristeza, pero me resisto a terminar en la resignación. Sin embargo, también me ha llevado a reflexionar un poco más sobre la labor de mujeres y hombres en busca de un cambio, no sólo de acciones sino de mentalidad que requiere la sociedad mexicana, pero que lamentablemente hoy vislumbro muy lejano. 

Sí, ¡las minifaldas son peligrosas! 

Pero no por las razones que expuso el general Aguayo y Camargo, nada más lejano. 

Sí, ¡las minifaldas son peligrosas!  porque quienes las usan ejercen su derecho a decidir libremente cómo vestir, hecho que no es bien visto por aquell@s que tienen doble moral. 
Son peligrosas, porque al portarlas MUJERES y HOMOSEXUALES, quienes siempre han padecido la injusticia cuando son agredid@s, violad@s, asesinad@s, están demandando respeto de todos los miembros de la sociedad y seguridad a las autoridades. 
Si, ¡las minifaldas son peligrosas! en Cd. Acuña, Chiapas, Oaxaca, Cd. Juárez....y tantos lugares del territorio, porque todavía hoy se les enseña a los varones a considerar como objetos a quienes las portan y se les hace creer que están disponibles para que, de modos diferentes, puedan exaltar su hombría. Pero en algunos lugares, gracias a la difusión de información y acciones en busca de un cambio,  ya se empieza a enfrentar a las mujeres y varones reproductor@s del machismo.
Sí, ¡las minifaldas son peligrosas! porque se estigmatiza a quienes las portan "fáciles" "locas" "put@s" "ofrecid@s" carentes de moral, por lo que llegan incluso a aceptar que tuvieron la "culpa" cuando son agredid@s y muchas ocasiones no denuncian. 

¡Eso es lo  verdaderamente peligroso! El hecho de que mujeres y hombres pierdan de vista que son libres de decidir que ropa portar, con quien acostarse, a quien amar. Que olviden que son sujetas y sujetos de derechos, que merecen respeto en las calles, en su trabajo, en su casa y que las autoridades tienen la misma obligación de aplicar la justicia cuando lo requieran. 

Sí, ¡las minifaldas son peligrosas! Sobre todo en sociedades con rezago en la promoción de equidad, con falta de perspectiva de género en las instituciones y en quienes las dirigen, porque implica que las autoridades se pongan a trabajar e impartan justicia. 

Las minifaldas son peligrosas, como lo fueron los libros en un momento histórico. Son peligrosas para quienes quieren mantener el sistema opresivo patriarcal, pero está en cada un@ de nosotr@s lograr un cambio o quedarse con la cabeza abajo ante tanta estupidez. 






FEMINISMO
Forma de enfrentarse a la realidad.
Estrategia de lucha por el reconocimiento de los derechos humanos.
Mujeres y hombres movilizados por la re-configuración de la condición humana.
Identificación de un imaginario social que impone asimetrías entre los géneros.
Necesidad de reflexión sobre los mecanismos de poder que oprimen a lxs sujetxs.
Subjetividades encontradas que pugnan por la construcción de
Mundos más justos en los que las posiciones que ocupemos nos posibliten
Oportunidades para ser libres.

Sara 
Febrero 2013